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El día que me detuve al pie de un maizal
y escuché el crujido de los largos tallos secos
movidos por el aire,
recordé algo que había olvidado hacía tiempo.

-Cesare Pavese-
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lunes, 30 de julio de 2012

CASA DE MUÑECAS

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CASA DE MUÑECAS











Se me quedó la lengua tocando el círculo
de las pulseras
que se encendió en mi cintura
mientras charlaba con el color
amarillo rosa del verde
azul partido
mientras llovía por mi garganta
el mar
los ojos.

Se me quedó la falda entretenida con la ventana
y esa voz de horizonte
con ese llanto feliz dándome vueltas
por los bolsillos
yendo a buscar a la pequeña niña
que se quedó
en los palitos
y el pantalón
muñeca.

Salen manos reconocidas que me acarician
y estoy charlando con las esquinas
son las sombras de enfrente ahora voy a pasar
ahora las piso soy un río que arrecia
soy la fuente cuando llega la noche soy un coche al pasar
y hablo
me escucho a mí desde lejos
llego al verano y se multiplican todos mis dedos
yendo por el azul
de un lado al otro de calle en calle
de noche en noche
de mí en mí.














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LOBO

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LOBO
 



 





Tengo que traerte hasta aquí, lobo,
para que me aúlles, lobo,
temo de ti tanto como le temo a mi espalda, lobo.

Temo pasar deprisa cerca de esa pared
con tantas piedras, con tantas caras,
temo que vaya a desdibujarse tu rostro
cuando penetre en él con mi azorado vestido,
temo que la dulzura, lobo, sea la eternidad
un hueco en el que ninguna palabra
pueda salir de la boca
sino de un sitio inexistente.

Se me ha enganchado el tacón
al dar un giro, cuando subía las manos
a la altura de mis ojos, aquella tarde,
sobre las seis, con las hebillas y el manillar
y aquel brillo como de plata que se palpaba por todo el aire,
aquella vez, lobo, que nos detuvo el rayo.
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